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18 de julio de 2017

CUATRO CUENTOS CON REFLEXIÓN

Tras unos días alejado de esta bitácora que administro,aquí sigo de nuevo añadiendo material al blog. En este post he recopilado cuatro cuentos, pues como sabéis los que me seguís  me gusta utilizarlos de vez en cuando para conectar con lo que somos.
 Los cuentos nos sirven para crecer y ayudar a crecer en valores. Espero que estas historias os gusten y os resulten enriquecedoras.
También me gustaría saber sobre vuestras opiniones y leer vuestros comentarios (Gracias).
  EL PRECIO DE UN OLOR
Había una vez un hombre muy pobre que paseaba por la calle con un pedacito de pan en la mano. Era lo único que tenía, además del hambre.
Al pasar por un restaurante vio unas deliciosas albóndigas friéndose en una sartén.
 -Mmhh…- suspiró. -¡Qué delicia! ¡Si tan sólo pudiera comerme un bocado!
 Y como no tenía una sola moneda en ninguno de sus harapientos bolsillos, siguió mirando sin dejar de suspirar. Con la esperanza de capturar aunque más no fuera un poco de ese delicioso aroma, el hombre sostuvo un pedacito de pan por encima de la sartén durante algunos segundos y después se lo comió como si se tratara de un manjar.
El dueño del restaurante, que era un hombre grandote y avaro, vio al mendigo cuando intentaba atrapar con su pancito el aroma de su comida. Entonces salió del local, agarró al pobre por el cuello y lo llevó ante el juez, que era una persona justa. Exigía que el mendigo le pagara por las albóndigas.
El juez escuchó atentamente al hombre avaro, después extrajo unas monedas de su bolsillo y le dijo:
-Párese junto a mí por un minuto.
El dueño del restaurante obedeció y el juez sacudió su puño, haciendo sonar las monedas en el oído del demandante:
-¿Para qué hace esto?- le preguntó el dueño avaro.
 El Juez respondió:
-Acabo de pagar por sus albóndigas. Con seguridad el sonido de mi dinero es un justo pago por el aroma de su comida.
REFLEXIÓN:  En el cuento, el aroma de la comida no es esencial, es un accidente. Y por eso el juez no paga con monedas, sino con el “ruido” de las monedas, que es un accidente.
También el cuento nos puede ayudar a comprender la siguiente enseñanza espiritual sobre lo que verdaderamente somos: “No eres los pensamientos, eres el espacio desde el cual surgen los pensamientos. ¿Y qué es ese espacio? Es la conciencia misma. La conciencia que no tiene forma. Todo lo demás en la vida tiene forma. En esencia somos esa conciencia sin forma que está detrás de los pensamientos.”
                                                              LA VERDAD
Érase una vez un hombre que buscaba la verdad.
Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite.
Éstas se encontraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo, respondió que ese era el lugar de la verdad absoluta.
Aquél le preguntó qué significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda.
El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él.
Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de aceite de ésta en la suya.
Cuando estuvo a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por la del anciano diciendo:
- Creí que buscabas la verdad.
REFLEXIÓN:Sorprende en el cuento que la verdad no esté referida a alguna afirmación o conjunto de afirmaciones, como lo que se da en una doctrina. En el uso cotidiano se ha reducido la verdad a alguna expresión oral o escrita y con eso se pretende dejar definida la situación. Pero este relato nos muestra que la verdad está en la actitud que tengamos ante la vida y la muerte. Queda claro que cuando dejamos de buscar la verdad, la consecuencia la paga el más cercano. El buscador  no duda en robar el aceite de un vecino cualquiera con tal de prolongar su vida.
 La búsqueda de la verdad se hace en el corazón de los seres inteligentes, donde reside la fidelidad constante y la amistad, aceptando la vida tal como es.
                                                 BELLEZA DE LA NATURALEZA
Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un viejo maestro.
Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín. Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidado todas las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.
Cuando terminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo.
- "¿No es hermoso?", le dijo al viejo maestro .
- "Sí..." replicó el anciano, "... pero le falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por ti".
Luego de dudarlo, el sacerdote levantó al viejo y lo ayudó a bajar. Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. Las hojas llovieron sobre todo el jardín.
- "Ahí está... ahora puedes llevarme de vuelta".
REFLEXIÓN:El monje del cuento, que estaba preparando todo para recibir visitas, tiene un concepto de hermosura cercano al de orden. Corta el pasto, arregla el jardín, junta las hojas sueltas y otras acciones que responden a una estructura determinada que el monje considera que debe ser el orden. Nada se escapa a su mirada y a su hacer, hay organización jerárquica que es mostrar lo más importante y quitar lo superfluo, y hay finalidad, que es reproducir lo que él considera armónico para sus visitantes.
 El otro monje, el anciano que mira la escena sobre el muro, le agrega el concepto de perfección al de belleza que tenía su vecino. Sacude el árbol, deja que caigan las hojas, y acerca todo el conjunto a la belleza de la naturaleza. La perfección significa madurez, es saber mirar el universo y descubrir que la hermosura está en todo lo que es tal como es. El viejo monje es un verdadero artista.
  A veces percibimos en nuestra vida la falta de paz, equivalente a la inseguridad en la convivencia humana. Quizás una respuesta a estas incertidumbres esté en la belleza, la que a manos llenas nos da el arte en todas sus formas, como en la hermosura del cosmos que nos rodea y nos habita. 
                                                          LA OBRA MAESTRA                                             
El mono tomó un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:
-¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.
Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello solo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.
REFLEXIÓN: La fábula, que puede ser considerada en el conjunto de los relatos tradicionales de la humanidad, presenta varias formas de hablar de los animales, que reflejan distintas actitudes humanas.  Al mismo tiempo, podemos aplicar esas mismas actitudes a nuestra propia persona, pues está en nuestra naturaleza variar de sentido en las cosas que hacemos.
 El mono es el aspecto impositivo del hablar, que siembra la duda en el oyente hasta convencerlo de una mirada parcial de la realidad en provecho propio.  El animal pone un objeto a tal distancia que es muy difícil discernir si es una obra maestra o no. El mono triunfa sobre todos aquellos que tienen que caminar en este mundo, sea paso a paso o arrastrándose.  Se parece a una propaganda engañosa.
 Otra forma de hablar es la del cóndor, que tiene otra perspectiva de la tierra, gracias a su capacidad de volar.  Como símbolo expresa nuestras capacidades de imaginación y de conocimiento, que nos hacen tener una mirada amplia de la realidad.
  Entre las enseñanzas de la fábula está el hecho de conversar con sentido, pues hay entre nosotros algunos que vuelan y otros que caminan naturalmente.  Y otra conclusión que podemos considerar es la necesidad de armonizar en nuestro propio interior las miradas que hacemos desde las alturas con las percepciones de la realidad que tenemos en el caminar  cotidiano.
  El autor de la fábula presentada es Álvaro Yunque,                                                 

                                                            Fuente: La vida presente
Jesús Miravalles Gil
                                            

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