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3 de diciembre de 2014

CUATRO CUENTOS PARA DESPERTAR VALORES

Estos cuentos para despertar valores, que suelo utilizar a menudo en el blog, son una invitación a detenerse en el camino, a pensar sobre lo que somos y hacemos y lo que creemos ser. Una llamada a la necesaria reflexión que nos permite madurar, crecer interiormente y sentir más coherencia entre nuestros valores, pensamientos y acciones. Esta reflexión se hace más imprescindible si cabe cuando hablamos de educación. La transcendental influencia que como educadores ejercemos sobre nuestros alumnos o hijos nos obliga a comprometernos en ese proceso de mejora constante.
     
                    EL MECÁNICO Y EL CIRUJANO

Un mecánico estaba removiendo la cabeza de un cilindro de un motor de un Jaguar, cuando vió un reconocido cirujano del corazón en su garage. El cirujano estaba esperando ser atendido por el gerente de servicio. El mecánico gritó al cirujano:
- “Disculpe  Doctor: le puedo hacer una pregunta?”
El cirujano, un poco sorprendido, caminó hacia el mecánico. El mecánico, limpiàndose sus manos en una toalla, lanzó a boca de jarro la siguiente pregunta:
- “Mire Doctor, echele una mirada a este motor. Yo abrí su corazón, saque las válvulas, las arreglé, las volví a instalar, y cuando terminé, el motor trabajó como nuevo. Entonces, ¿por què recibo un salario tan pequeño mientras que Ud. obtiene un montón de dinero cuando ambos hacemos básicamente el mismo trabajo?
El cirujano se inclinó, pausadamente sobre el mecánico, y le dijo:
- “Trata de hacerlo con el motor en marcha”.
Por que un Medico gana mas que un Mecánico? (Reflexión)
                                                    cuento corto


                                               HISTORIA DE UNA MARIPOSA
Cuentan que un hombre,mientras paseaba por un campo cercano a su casa, encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a casa para poder ver cómo nacía. Un día se dió cuenta de que había un pequeño orificio en el capullo, y entonces se sentó a observar, durante varias horas, cómo la mariposa luchaba para poder salir de allí.
Vio cómo se esforzaba para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio. Hubo un momento en el que parecía que ya no progresaba en su intento. Daba la sensación de que se había quedado trabada. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y, con unas tijeras pequeñas, hizo un corte lateral en el orificio para agrandarlo y facilitarle la salida. Así fue como la mariposa vió la luz. No obstante, tenía el cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas y dobladas.
El hombre continuó observando, esperando a que, en cualquier momento, las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el peso del pequeño cuerpo de la mariposa. Nada de eso sucedió, y la mariposa sólo podía arrastrarse en círculos, con su cuerpo deformado y las alas dobladas… Nunca llegó a volar.
Lo que en su ignorancia no entendió el hombre, inmerso en su espíritu salvador, es que la restricción de la abertura del capullo, y la lucha de la mariposa por salir a través del agujero diminuto, era la forma en que la naturaleza forzaba a los fluidos de su cuerpo a ir hacia las alas a fin de que se hicieran grandes y fuertes para poder volar.
La libertad y el vuelo sólo pueden llegar después de la lucha y el esfuerzo. Y al privar a la mariposa de su lucha, ayudándola a salir del capullo, también le privó de su libertad y de su capacidad de llegar al cielo.
                                                cuento para reflexionar

LOS CLAVOS Y LAS PERSONAS
Había una vez un niño que tenía muy mal carácter. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa.
El primer día el niño clavó 37 clavos en la cerca, pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho mas fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó el día en que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre. Entonces el padre sugirió al hijo que por cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca. Los días pasaron y el jóven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca. El padre llevo de la mano a su hijo a la cerca de atrás y le dijo: – Mira hijo, has hecho bien, pero fijate en todos los agujeros que quedaron en la cerca. Ya la cerca nunca será la misma de antes. Cuando dices o haces cosas con coraje, dejas una cicatriz como este agujero en la cerca. Es como meterle un cuchillo a alguien que aunque lo vuelvas a sacar la herida ya quedo hecha. No importa cuántas veces pidas perdón, la herida está allí; y una herida física es igual de grave que una herida verbal.
                                                          cuento anónimo
                                               
                                         
                                                EL ESCONDITE DE DIOS

Dice una antigua leyenda que hace muchos, muchísimos años, Dios decidió esconderse en un lugar del universo que acababa de crear. Mientras barajaba distintos escondites, los ángeles hicieron un corro a su alrededor.
Quiero esconderme en algún lugar del universo les dijo. Necesito encontrar un sitio de difícil acceso, para que las criaturas se esfuercen en encontrarme y de esta forma se vuelvan más bondadosas y comprensivas.
¿Por qué no te escondes en las profundidades de la tierra? Le sugirió un ángel.
Dios sopeso la idea durante varios minutos y después le contesto:
No, no creo que sea una buena idea. En poco tiempo aprenderían a excavar la tierra y a construir minas para descubrir todos los tesoros que esconde su interior. Me descubrirían en seguida, demasiado pronto,tanto que no les habría dado tiempo a madurar emocional y espiritualmente.
¿Y por qué no te escondes en la Luna? Le sugirió otro ángel. Una vez más, Dios pondero esta opinión detenidamente, transcurridos unos minutos afirmó:
No, tampoco es una buena idea. Ciertamente tardarían mas tiempo en encontrarme, pero al final acabarían aprendiendo a volar por el espacio. Llegarían a la Luna y descubrirían sus secretos. Una vez más, antes de madurar me habrían descubierto a mi.
A los ángeles ya no se les ocurría ningún otro lugar en el que Dios pudiera esconderse. Todos permanecieron en silencio mucho rato, hasta que finalmente un ángel exclamó:
¿Por qué no te escondes en el corazón de tus fieles? Jamás se les ocurrirá buscar allí.
Eso es, ¡que gran idea! Contesto Dios, encantado con la sugerencia.
Y así fue como Dios decidió esconderse en el corazón de todos y cada uno de sus fieles, hasta que estos hubieran alcanzado la madurez emocional y espiritual suficiente como para embarcarse en el arriesgado viaje hacia su propia esencia. Un viaje que culminara con el encuentro con su creador, un encuentro que será para siempre.
                                                  Cuento popular
Jesús Miravalles Gil
                                      

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