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19 de octubre de 2015

CUENTOS BUDISTAS

                                               EL VACÍO DE LA MENTE   
Subhuti, discípulo de Buda, descubrió de pronto la riqueza y fecundidad del vaciamiento de sí, cuando cayó en la cuenta de que ninguna cosa es permanente ni satisfactoria y de que todas las cosas están vacías de «yo». Y con este talante de divino vaciamiento se sentó, arrobado, a la sombra de un árbol, y de repente empezaron a llover flores alrededor de él.
Y los dioses le susurraron: «Estamos embelesados con tus sublimes enseñanzas sobre el vaciamiento».
«¡Pero si yo no he dicho una sola palabra acerca del vaciamiento...!»
«Es cierto», le replicaron los dioses, «ni tú has hablado del vaciamiento ni nosotros te hemos oído hablar de él. Ese es el verdadero vaciamiento». Y la lluvia de flores siguió cayendo.
                                                 LOS CUATRO MONJES       
 Cuatro monjes decidieron caminar juntos en silencio durante un mes. El primer día, todo fue estupendamente  pero, pasado el primer día, uno de los monjes dijo: «Estoy dudando si he cerrado la puerta de mi celda antes de salir del monasterio».
Y dijo otro de ellos: «¡Estúpido! ¡Habíamos decidido guardar silencio durante un mes, y vienes tú a romperlo con esa tontería!».
Entonces dijo el tercero: «¿Y tú, qué? ¡También tú acabas de romperlo! »
Y el cuarto monje dijo: «¡A Dios gracias, yo soy el único que aún no ha hablado>>
                                            LA SERENIDAD DEL MAESTRO
El pueblo se vio sacudido por un terremoto, y al Maestro le complació comprobar la impresión que produjo en sus discípulos la falta de miedo que él había demostrado.
Cuando, unos días más tarde, le preguntaron qué significaba vencer el miedo, él les hizo recordar su propio ejemplo: «¿No visteis cómo, cuando todos corrían aterrorizados de un lado para otro, yo seguí tranquilamente sentado bebiendo agua? ¿Y acaso alguno de vosotros vio que mi mano temblara mientras sostenía el vaso?»
No, dijo un discípulo, «Pero no era agua lo que bebíais, señor, sino salsa de soja».
                                                            cuentos budistas
Jesús Miravalles Gil
                                          

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