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5 de mayo de 2011

LAS ADICCIONES


 Una adicción es el intento de encontrar satisfación en algo externo a nosotros. Se trata de un medio para llenar el vacio, la desesperanza y la falta de sentido de la vida. Las adicciones son ataduras exteriores que nos provocan una gran dependencia y que si no sabemos cortarlas a tiempo nos dominan y nos privan de libertad.
Todo lo que sea agarrarnos a algo de fuera para que nos dé poder, es una ilusión que nos aleja del verdadero camino y nos ocasiona una pérdida de tiempo.
Hay muchos tipos de adicciones. Algunas de ellas están consideradas perjudiciales por la sociedad, como por ejemplo: el tabaco, el alcohol, las drogas, etc. Sin embargo, existen otras que si están bien vistas pero que se utilizan con el mismo fin, entre las que podemos citar el trabajo, el dinero, el conocimiento, el éxito, el poder etc.
Detrás de cada adicción, escondido en lo más profundo del Ser, hay un anhelo de amor, de alimento espiritual, de libertad, de comunicación, de contacto con los demás, etc, que nuestra alma necesita y que nuestra personalidad por falta de valor, de responsabilidad nos busca un sustituto que cuanto más nos entregamos a él, más insatisfación y frustación nos produce.
El obeso trata de saciar su "hambre" de amor con comida y no se da cuenta que cuanto más come más hambre tiene.
El alcohólico desea un mundo sano, sin problemas " y ahoga sus penas en vino", " si bebes un trago te sentirás mejor". Pero no afronta sus conflictos conscientemente. Rehuye su responsabilidad. Y el vino le proporciona el mundo que desea pero de una forma ilusoria.
El adicto al tabaco trata de satisfacer con éste su deseo de comunicación y aproximación a los demás.
Vive en una situación de soledad que egoistamente necesita aferrarse a algo. Su deseo interno de libertad se confunde con la libertad de fumar.
 Otra adicción muy extendida y perseguida en nuestra sociedad es la adicción a las drogas: el hachís, la heroína, la cocaina y otras más peligrosas que se utilizan como medio para realizar experiencias trascendentales, como el L.S.D., en general, representan como un refugio que nos aisla de la vida y de los demás. Todo se ve de color de rosa. Los conflictos no son tales después de consumir la droga porque ésta nos traslada a "otro lugar", o nos estimula enormemente, y todo por no afrontar la realidad, la realidad de vivir la encarnación según los designios de nuestra alma y asumir que la civilización es el espejo que nos muestra nuestro propio retrato.
" El deseo de viajar a otras dimensiones de conciencia nos lo tenemos que ganar con el esfuerzo de desarrollar el alma y el espíritu y para lograrlo es inprescindible la voluntad ". Con las drogas, la capacidad de tomar decisiones conscientemente y la voluntad del individuo se disipan.
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Antes de que una adicción se apodere de la voluntad de una persona, ésta ya había emprendido la búsqueda de algo que ansiaba, pero confundió el camino y se quedó esperando...mientras tanto, para apagar su deseo se agarró a un sustituto simbólico-alcohol, drogas, trabajo, tabaco, etc- que no deseaba, pero que sin embargo consume desaforadamente y nunca tiene bastante.
" El que busca no debe de parar de buscar hasta encontrar lo que busca ". Debemos de ser sinceros con nosotros mismos y averiguar qué es lo que necesitamos, y luego, emprender el único camino que nos conduce a hallar nuestro deseo: El camino hacia nuestra divinidad interior.
En realidad, nadie debe buscar nada. Ese es el error. El desconocimiento de nosotros mismos.
" El ser humano ya tiene todo lo que necesita. Es un ser completo y divino ". Como hijos del Creador disponemos de todos los principios de la creación. Aquél que odia también tiene la capacidad de amar. Es la misma energía. Sólo necesitamos aprender a hacerlo. Igual que podemos amar a una flor, a un animal, también estamos capacitados para amarnos a nosotros mismos, aceptándonos y tratando por todos los medios de lograr la armonía entre nuestra alma y nuestra personalidad.
Sólo cae en la adicción el que se atemoriza ante las nuevas experiencias que nos propone la vida.
Aquél que considera su vida como un continuo viaje, que no cree en ataduras y que está siempre dispuesto a seguir caminando, ese es el verdadero buscador.

HORUS

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