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16 de mayo de 2012

"NO ES LO MISMO MIRAR QUE VER"

¿Cómo desarrollar la atención y ver la realidad de las cosas?.
Técnicas de Meditación Zen.
Si has leído alguna vez  los Koans del Zen habrás comprendido que el método más sencillo para comprender y captar la realidad es estar atento, fomentar la atención.
No es lo mismo mirar que ver. Podemos mirar todas las cosas que tenemos delante pero eso no significa que las veamos todas.
Quien quiere ver la realidad de las cosas eso es lo que ve. Quien quiere ver lo que desea eso es lo que ve pero no la realidad.
Para poder ver la realidad hay que estar atento y querer verla. Si estas lo suficientemente atento la dualidad se desvela por sí misma y entonces puedes trascenderla, comprender su esencia y por lo tanto, comprender la realidad.
Un iluminado, en el sentido positivo de la palabra, es aquel que, gracias a su luz, ve la realidad. No ve sombras, no ve reflejos, no ve fantasmas, no ve deseos. Ve la realidad tal y como es, sin proyectar su mente, sus miedos o sus deseos; porque todas estas cosas, emociones y pensamientos continuamente tiñen la realidad y la disfrazan.
El proceso de ver la realidad exige desarrollar la autoconciencia. Hay que ser consciente de todo, de lo que dices, de lo que haces, de lo que dicen, de lo que hacen. Hay que querer ver la realidad de las cosas.
 Desarrollar la atención no es sólo tener los ojos muy abiertos. No es sólo mirar muy atentamente para no perderse ningún detalle. Puede que queriendo ver todos los detalles no veas la esencia. Puede que queriendo ver la esencia no veas los detalles.  
 Para poder verlo todo tienes que ver lo que se ve y también lo que no se ve; es decir lo que está oculto, lo que hay tras las apariencias.
 Me diréis que siempre estoy haciendo juegos de palabras pero es la dualidad quien juega con nosotros. Yo intento que veáis las dos caras de la moneda y utilizo para ello las paradojas. La paradoja es la esencia de la enseñanza oriental, del Zen y del Tao.  
Para poder verlo todo tenéis que tener siempre los ojos abiertos. Eso está claro. Pero tenéis que aprender a mirar de dos formas. Enfocando vuestra atención en los detalles y desenfocando para ver la luz que forja los detalles. Entonces es cuando veis la realidad al completo.  
 Ver enfocando la mirada en cosas concretas es bastante fácil en apariencia aunque no siempre lo es. La mente puede engañarnos porque muchas veces nos empeñamos en ver lo que deseamos y no la realidad. A pesar de esto, ver enfocando la mirada es mucho más fácil.
La otra forma de mirar, de ver, es el estilo de meditación Zen. Es mirar sin enfocar los ojos en nada. Tú miras lo que escribo y tus ojos se enfocan en cada letra, en cada palabra. Tú escuchas lo que digo y tu oído se centra en cada voz, en cada sonido. Comprendes y ves cada sonido aislado, pero si quieres comprender mi mensaje, si quieres comprender el sentido global de lo que te cuento, de lo que te escribo, no puedes perderte en ninguna palabra en concreto, no puedes perderte en ningún sonido sino que tienes que estar atento al conjunto; entonces comprendes el sentido de lo que digo. Si te quedas atascado en una frase o palabra te pierdes el discurso entero.  
  Esa es la meditación Zen. La más valiente. La más desnuda. Puedes hacerla en cualquier postura. No necesitas nada. Ni rituales, ni espacios sagrados. Una silla basta, quizá un cojín. La columna vertebral recta y mirando al vacío sin querer ver nada.
Desenfocando, no distrayéndote con las cosas concretas, con los objetos, con los pensamientos, solo esperas la luz que da forma a las cosas, la luz que da forma a los pensamientos. Así, día tras día, hasta poder ver.  
Ten en cuenta una cosa. En el resto de las técnicas de meditación se tienen los ojos cerrados, en el Zen no. Eso de cerrar los ojos y dormirse o ver con la mente fantasías no es el camino de los valientes.
Por eso, los primeros maestros zen no apreciaban la forma de meditar clásica del budismo y del hinduismo.  
Bodhirama, el fundador de la escuela del Budismo Chan -Zen- viajó de la India a China y se encontró con un pueblo mucho más vigoroso y activo, se encontró con una doctrina de acción, el Tao. Él no quería monjes débiles y soñolientos y, en su escuela, el famoso monasterio de Saho Lin, les inició en una nueva forma de meditar y en las artes marciales -lo que hoy se conoce como Tai Chi Chan-
 Quería monjes y personas despiertas, llenas de energía para poder expandir la doctrina. Había nacido algo nuevo, un hijo del Tao y del Buda. El budismo Chan, que luego daría paso al Zen, que influiría tanto en el código ético de los guerreros samuráis.
  La fórmula energética de la meditación Zen es muy sencilla, tan sencilla que podemos decir ¿cómo no nos hemos dado cuenta antes?.
Si miras las cosas sin querer verlas, la energía que pondrías en ese querer ver queda libre, queda suelta y entonces te puede llevar a otro sitio, puede hacer que veas lo que no puede verse.
Entonces, la luz te llega, tu mente se ilumina y sólo entonces es cuando puedes verlo todo porque eres un iluminado.     Sabiduria zen

                   TENGO TRES OJOS DOS PARA MIRAR Y UNO PARA VER.

 Jesús Miravalles Gil
                                    

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